Febrero 2012
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Soy una mujer de 18 años, aunque aparento tener 20 y la mayoría del tiempo pienso como una quinceañera. Soy indecisa, antojada, inconstante e inpulsiva. Mi tarde perfecta es viendo el atardecer en la playa, escuchando buena música y tomándome una cerveza.
Creo en el amor, pero no en los príncipes azules, ni morados, ni de ningún color; detesto a las personas falsas e hipócritas, los domingos por la tarde y esa sensación de estar sola entre la multitud.
Me gusta la música, aunque ella no gusta de mí, ella es muchas cosas para mi, es melodía, compañía, palabras y emociones que no podría expresar sin ella, no se tocar ningún instrumento, pero si me nace cantar lo hago donde sea, aunque no con muy buena voz.
Me gusta la soledad, pero a veces le temo; me gusta bailar y el sexo, aunque prefiero hacer el amor; disfruto los silencios que dicen mas que cualquier palabra y los momentos en que el tiempo se demuestra inexistente.
Soy demasiado reservada o demasiado abierta, nunca he podido ser un término medio, no se decir muchas cosas, a veces no se demostrar lo que siento o pienso. Me aburre de muerte la monotonía, el paso del tiempo y estar donde y con quien no quiero.
Las personas suelen importarme más de lo que les demuestro (siempre quise ser dura como el hierro, pero el hierro cede ante el calor y se torna liquido). Tengo mil ideas por minuto, sin embargo muy pocas llegan a materializarse.
Extraño mi infancia, sus navidades, mis vacaciones junto al mar y la simplicidad de la vida en ese momento; de vez en cuando a algunas personas y de vez en cuando a mi misma.
Mi ricordo quando noi eravamo due bambini e puntavamo le pistole dai cavalli a dondolo